Paita, un grande en la historia del automovilismo boliviano


Con seguridad que Ricardo Paita está entre los pilotos más grandes en la historia del automovilismo boliviano, pero su figura se agiganta aún más, posiblemente hasta sitiales inalcanzable, por el hecho de correr y ganarles  a los más pintados de su época, en condiciones adversas, porque a diferencia de sus rivales, sus recursos económicos eran limitados.

Nacido en Cotagaita (Potosí) el 10 de abril de 1927, eligió a Tarija como su tierra, a tal punto que le dedicó, desde sus siete años, todos sus esfuerzos y éxitos.

Cada departamento tenía al menos un gran exponente; ahí estaban William Bendeck, el ídolo en Santa Cruz, Dieter Hubner, Juan Rodríguez Vera, Hugo Alvarado, por La Paz; Juan Claure y Franklin Peredo, los íconos de Cochabamba; Oscar Crespo por Chuquisaca, Kenny Prieto por Potosí. Junto a ellos, los más grandes de esa época, se debe añadir el nombre del tarijeño Juan Paita, el dueño de las rutas del sur, el hombre que tomaba a gran velocidad las curvas y caminos serpenteantes del territorio nacional.

Tras una breve incursión en el ciclismo, el ruido de los motores y la adrenalina que provoca el mundo “Tuerca” atraen a Paita, quien en 1963 toma parte de su primera competencia.

Pese a sus limitados recursos económicos, Ricardo Paita logra participar de la “Doble Copacabana”, con un Ford 37, motor Thunderbil, con el que muestra sus habilidades en la conducción.

Esas destrezas le sirvieron para motivar al pueblo tarijeño a realizar una colecta pública para dotar a Paita de un Ford Mustang, vehículo que le permitió consagrarse a nivel nacional, en 1970.

Ese año gana el circuito “Oscar Crespo”, luego la famosa prueba “San Cristóbal” en Oruro, que le permitió coronarse campeón nacional de esa gestión.

Sus bajos recursos económicos lo dejaron en inferioridad de condiciones ante otros pilotos que contaban con el apoyo de sus escuderías. Sin embargo el crédito tarijeño nunca bajó los brazos, hasta recuperar el título nacional.

1975 sería otro gran año para Paita, quien con un automóvil Torino gana de punta a punta el Gran Premio Nacional de Automovilismo, que le permite lograr el bicampeonato.

Su familia

Tuvo en Donata a su compañera de toda la vida, con quien compartió la educación de sus seis hijos: Haydee, Elizabet, Lourdes, Margarita, Jorge y Ricardo. La familia Paita sigue creciendo manteniendo ese apellido ilustre dentro del automovilismo, toda vez que ya son 15 los nietos de Ricardo.

Al no contar con muchos recursos para correr, los suyos, aquellos que siempre estuvieron, en las buenas y en las malas, fueron su principal soporte en las diferentes competencias.

Jorge, uno de sus dos hijos, recuerda que siempre colaboró con su padre, ya sea como auxilio, como copiloto o en el puesto que el gran Paita necesitara.

Su figura en Tarija sigue viva, pese a que ya van a cumplirse 33 años de su desaparición, la gente todavía lo recuerda en la tierra del  Guadalquivir, es por eso que una rotonda ubicada en el barrio Tabladita, lleva el nombre de este gran piloto.

Las anécdotas

“Mi padre hizo muchas cosas buenas, más allá de los pocos recursos que tuvo. Fue un piloto destacado, que pese a no ser tarijeño dio su vida por esta tierra, ganado dos títulos nacionales para el departamento”, recuerda Jorge Paita, quien atendió en su domicilio el requerimiento de la Unidad de Comunicación del Ministerio de Deportes.

“Nunca voy a olvidar el duelo que sostuvo con Willy Bendeck. El recuerdo que más llevo grabado grabado de mi padre es cuando definió un título nacional con el famoso piloto cruceño. En esa carrera estaba en juego el campeonato; mi papá tenía 100 puntos y don Willy 101, el que ganaba se proclamaría campeón. Mi papi en ese tiempo no contaba con recursos para trasladar su vehículo hasta Santa Cruz, pero el pueblo tarijeño le cooperó.  Bendeck corrió primero en la categoría 1.600 cc y ganó, consagrándose campeón. Luego compitió con mi papá en Especial,  los dos corrían con un Ford Mustang. Yo estuve ahí, porque colaboraba con mi padre. Lamentablemente el desenlace de esa competencia fue fatal para la familia Bendeck”, recuerda Jorge.

No olvida el gran triunfo sobre el gran campeón argentino y mundial, Jorge Recalde. “En Tucumán mi padre ya sorprendió al salir segundo y en la etapa que pasó por La Cumbre ocurrió algo similar, con Recalde en el primer lugar, pero en el país lo superó, ante la sorpresa de los argentinos”, cuenta un orgulloso Jorge Paita, quien infla el pecho cuando habla de su progenitor.

También recuerda que la fábrica Torino le pidió a su padre el auto blanco con el que corrió, el cual se encuentra hoy en un museo de Argentina.

“Lamentablemente en los primeros dos años ese vehículo no rindió como se esperaba por diferentes fallas, pero vino uno de los mejores mecánicos de Berta, dejó a punto la máquina y me dijo, quédate tranquilo que tu papá va a ganar. En la etapa que se disputó en Bolivia mi padre pulverizó a sus rivales, cuando todos esperaban que cubra el tramo en más de una hora, mi papi le sacó al segundo más de 54 minutos”, rememora.

Ganar una etapa o una prueba para Paita no solamente significaba el éxito deportivo, el premio económico que obtenía le significaba poder habilitarse para la próxima prueba.

Como todo “tuerca” de cepa, encontró la muerte en las rutas, pero no fue en una competencia. En la madrugada del 1 de diciembre de 1983, luego de solucionar un problema en una de las llantas del camión en el que trasladaba azúcar, le vino un infarto que no pudo resistir, justo en la carretera Tarija-Bermejo, donde fue imbatible en las carreras que participó.

“Generalmente la gente tiende a comparar a las personas, desde mi punto de vista lo hecho por mi padre y las condiciones en las que lo hizo, hacen que la figura de Ricardo Paita no tenga punto de comparación”, finalizó Jorge Paita.

MAT / MD

Clic para ingresar a la pagina JSE2017 ¡Enterate de todo aqui!
Desde la inauguración de los Juegos
Copa Estado Plurinacional Sub18 ¡Toda la información aqui!

Invitación


Invitación
Invitación

Ver Ley Nacional del Deporte